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Pieles reactivas

Pieles reactivas

      Las personas con piel reactiva padecen síntomas muy desagradables en el rostro, que pueden acompañarse (o no) de eritema (enrojecimiento). Los síntomas pueden incluir sensación de cosquilleo, tirantez, calor o incluso ardor, y con mucha menos frecuencia, prurito (picor). Es muy común que no toleren bien la aplicación de productos cosméticos en el rostro.

¿Cómo reconocer una piel sensible o reactiva?

Una piel sensible e intolerante reacciona más que una piel normal, es decir, es hiperreactiva. Experimenta sensaciones de cosquilleo, calor (quemazón), hormigueo y picor (aunque esto es poco frecuente), la mayoría de las veces de manera intermitente.

Estas sensaciones de incomodidad a veces también van acompañadas de enrojecimientos y se manifiestan de forma exagerada como reacción a estímulos de naturaleza diversa que, normalmente, no deberían causar irritación.

Dichos factores o estímulos pueden ser:

  • Físicos: Radiación UV, calor frío, viento, variaciones de temperatura o el propio el hecho de frotarse la piel…
  • Químicos: Productos cosméticos, jabones, agua, afeitado
  • Psicológicos: Estrés, emociones…
  • Hormonales: El ciclo menstrual, menopausia…
  • Factores internos: Alimentos muy condimentados…

Una piel sensible e intolerante reacciona, entonces, a ciertos estímulos que en otros tipos de piel no tienen ningún efecto adverso. Esta hipersensibilidad de la piel tiene como consecuencia una disminución de su umbral de tolerancia. Mientras más sensible sea la piel, más bajo es su umbral de tolerancia. En el caso de una piel sensible, las reacciones se presentan de manera transitoria, en determinados momentos. En el caso de una piel intolerante, las reacciones son constantes o casi constantes, con un umbral de tolerancia permanentemente cerca de cero. 

 ¿De dónde proviene esta sensibilidad de la piel?

Hay dos factores principales que se han identificado como responsables de esta disminución en el umbral de tolerancia y, por lo tanto, de una sensibilidad aumentada de la piel.

En primer lugar, la epidermis de las pieles sensibles e intolerantes presenta una alteración de su función de barrera, fenómeno que en consecuencia favorece la deshidratación de la piel y la penetración de agentes potencialmente irritantes.
Asimismo, parece que las pieles intolerantes tienen una secreción excesiva de ciertos neurotransmisores a través de las terminaciones nerviosas superficiales, así como de citocinas (sustancias secretadas por las células de la piel), las cuales promueven los procesos inflamatorios. Tales secreciones anormales son igualmente el origen de ciertas sensaciones desagradables que experimentan las personas afectadas. Las pieles sensibles e intolerantes se caracterizan, además, por una sobreproducción de radicales libres.
 
¿Qué debo hacer?
 
1º) HIGIENE
Utiliza productos cosméticos suaves y no utilices demasiados a la vez.
Lávate la cara con un producto de limpieza con ingredientes no agresivos y de alta tolerancia, de preferencia que no se enjuaguen, que no contengan perfume ni conservantes, ni tampoco tensoactivos.
Cuando te seques la cara, hazlo con sumo cuidado, sin frotar.
 
2º) CUIDADOS
 
Una o dos veces al día, con mucha delicadeza, aplica un tratamiento de muy alta tolerabilidad (sin perfume, sin conservantes y sin agentes surfactantes), para disminuir las reacciones inflamatorias.
Una o dos veces por semana, con mucha delicadeza, aplica una mascarilla de hidratación intensa.
El maquillaje también debe ser limitado y seleccionado cuidadosamente.
 
 
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